Soy yo o soy tú

El espejo hace que todos los días me encuentre con mi otro yo. Ya sea recién estrenado el día, o en cualquier momento que necesite comprobar que mi imagen es la correcta. Me asomo a su mundo y refleja mi otro yo de forma simétrica y equidistante.

Veo a mi otro yo reflejado, un yo con el que a veces no me identifico, un yo al que a veces tengo miedo de mirar a los ojos por si me reprocha o se avergüenza de alguno de mis actos pasados o recientes.

Cuando me atrevo a mantener la mirada al Antonio reflejado, pienso en el rol que me tocará representar a lo largo del día y le pregunto: ¿Alguna vez podre ser tú y dejar de ser yo? siento envidia del Antonio anónimo, siempre agazapado detrás del Antonio real, mientras lo único que debe hacer es esperar a que las cosas ocurran para bien o para mal.

Quiero ser por un día tú, cambiar por un día el guion de la vida para tú ser yo y yo ser tú, y así poder al fin disfrutar de un día tranquilo. Que seas tú el de las decisiones rápidas e inesperadas, el de las soluciones. Quiero vivir a tu sombra, ser tú el de las decisiones mientras yo simplemente vivo y observo.

Quisiera saber que sentirías cuando tomaras vida para ser yo. Quisiera saber que habrías decidido ante la encrucijada de la vida o el adiós a un hijo, o cuando se presentó la posibilidad de tomar otro camino para empezar una nueva vida, o cuando…, o cuando… Quisiera saber si tú, al encontrarte conmigo, me aguantarías la mirada o bajarías los ojos como lo hago yo muchas veces al tenerte enfrente.

Siempre ha sido al revés, hasta ahora has vivido demasiado bien, has sido el Antonio cómodo, todo te ha resultado fácil, solo tenías que esperar a que aquello que sucediera lo resolviera el otro Antonio, el otro yo, el Antonio real, el diligente y determinante. Son demasiadas decisiones sin que tú aportes nada.

La gente no te conoce o te conoce poco, ni siquiera muchos de los más cercanos saben de ti, tienes esa suerte. Todos esperan al Antonio resolutivo, todos confían en el Antonio que guía, que dirige y no sabes que agotador puede llegar a ser, y eso me hace desear ser tú más que ser yo.

Cuando cruzamos nuestras miradas es obvio que me miras y me observas pero no sé lo que piensas ni lo que sientes.

Tampoco sé qué haces cuando no te miro. En muchas ocasiones te he hecho esa pregunta: ¿Me miras cuando no te miro o también bajas la mirada? Pero tú, tan callado, no contestas.

Una idea me vino por sorpresa: “grabare en video nuestro encuentro para ser testigo de tus movimientos cuando no te veo”. Lo hice y descubrí que me imitas en todo, no haces nada original, no haces nada por ti mismo.

Viendo ese video, llegué a la conclusión de que no tienes personalidad y que por eso estas donde estas, al otro lado del mundo real. Por ese motivo he decidido seguir siendo el Antonio yo, el Antonio real.

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