Un viaje más

¡Que frio! ¿Dónde estoy? Qué lugar más extraño, no lo reconozco. Es una estancia fría y desangelada.

– ¡Hola! ¿No hay nadie?

Parece que estoy solo. Que frio tengo ¿Por qué estoy tumbado? Esto no parece una cama ¡Vaya!, alguien entra. No le conozco de nada. ¿Quién será?

– Hola, buenos días, ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí?

Pues parece que he dado con el amable ¿Por qué la gente será tan maleducada? ¿Tan difícil es dar una respuesta? Bueno y ahora empuja la cama o lo que esto sea ¿dónde estoy tumbado? ¿Adónde me llevará?

– Oiga ¿Dónde me lleva? ¿Dónde vamos?

Nada, lo dicho, o no me oye o es un maleducado. ¡Qué cara de antipático tiene! Pues donde sea que me lleve ya hemos llegado.

Es otra sala igual de fría que la anterior pero al menos se parece más a una habitación. Es más pequeña pero sigo teniendo frio, mucho frio.

Como no voy a tener frio si solo me tienen tapado con una sábana. ¿Para qué me habrá traído aquí?

– Oiga, ¿me podría traer una manta o ropa de abrigo? ¡Tengo mucho frio! ¿Aquí no hay calefacción?

Nada, que no responde.

– ¡ESTÚPIDO! ¡MALEDUCADO!

Lo que faltaba, se ha debido de molestar y se va. Me quedo solo otra vez. ¡Que frio! Esto no es normal. Estoy helado ¡Mira! No me había dado cuenta. Hay otra habitación enfrente pero no veo a nadie. Se adivina una sombra, alguien se acerca ¡Es Carmen!

– Por fin, Peque ¡PEQUE! ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¡Sácame de aquí! ¡Ven conmigo! Tengo mucho frio, pide una manta, pero ¡POR DIOS! di algo. ¡CARMEN!

Nada tampoco contesta, es como si no me oyera. Como me va a oír con ese cristal gordo de por medio, espera que me levanto y me acerco.

No puedo moverme, no puedo moverme, ¡dios pero que está pasando!

– Carmen, escucha, no puedo moverme, respóndeme, dime algo. ¡Ayúdame!

¿Lloras? no llores, no necesito que llores. Tengo que moverme para salir de aquí e ir con ella. Imposible, no puedo, estoy inmóvil ¿Por qué no puedo moverme? Cada vez tengo más frio.

– Carmen ¡Peque! ¿Por qué lloras? No llores, no me gusta verte llorar. Tú eres toda alegría y vitalidad. Muéstrame esa sonrisa que es una constante en tus labios, ¿Por qué lloras? ¿No me oyes? ¿ES QUE NO ME VA OÍR NADIE?

¡Vaya! Ahora llega Juani, ¿Juani? ¿Qué hace aquí Juani? ¡Se abrazan las dos! ¿Carmen y Juani se abrazan? No entiendo nada ¿Qué está pasando? ¡Juani también llora! ¿Por qué lloran? ¿Qué ocurre? A ver si con Juani tengo más suerte y me oye.

– Juani ¿me oyes? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué lloráis? Juani tengo frio, mucho frio. ¡Juani! no me puedo mover. ¡Escúchame! ¡ESCUCHARME! ¡Sacarme de aquí! Sacarme de aquí ¡POR FAVOR!

Nada, tampoco me hace caso. Nadie me oye, es una pesadilla.

Eso es, se trata de una pesadilla, en algún momento despertare y todo volverá a ser como siempre.

Que frio tengo, cada vez me siento más helado ¿Es que solo yo siento este frio gélido?

Los que faltaban, llegan los chicos, Alejandro, Fernando y Alfredo pues ¡ya estamos todos! Que bien, y yo aquí y nadie me hace caso.

Todos se abrazan. Se ve que hoy es el día de los abrazos y los besos, pero que hago perdiendo el tiempo, los chicos no me pueden fallar.

– ¡Alex! ¡Fer! ¡Alf! ¿Me oís? ¡Alexxxxxx! ¡Responder! ¡Por favor, responder! ¡HOLAAAA!

– ¡Hola!

– ¡Eh! ¿Quién ha hablado?

– ¡Hola!, soy yo

– ¿Mamá? ¿Qué haces tú aquí? ¿Por qué me oyes tú?

– He venido a buscarte, quiero que vengas conmigo

– ¿Contigo? pero no puedo ahora, ellos me necesitan.

– ¿Seguro? míralos. Los cinco están juntos y más unidos que nunca. Ya no te necesitan.

– Pero no puedo irme contigo, tengo una promesa que cumplir.

– No te preocupes, en su momento volverás como yo lo hago ahora contigo y cumplirás lo que has prometido.

– Tengo mucho frio ¡mamá! Y además no puedo moverme.

– Tranquilo, todo es normal. Te acostumbraras.

– ¿Adónde me llevarás?

– Tengo que enseñarte muchas cosas.

– Pero si ya me lo has enseñado todo ¿Qué más me tienes que enseñar?

– Dame la mano y vente conmigo.

– Espera, una última mirada a los míos…a los que también siempre fueron los tuyos.

– Siempre vas a estar con ellos y antes o después volveremos a estar todos juntos otra vez.

– Si tú lo dices… ¿y qué me tienes que enseñar aún? No me has dicho que me tienes que enseñar ahora.

Te voy a enseñar a vivir en la eternidad.

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