Antes yo era…

Antes yo era tu hijo, ahora soy tu padre. Antes tú me cuidabas, me alimentabas, me atendías, me educabas, me protegías…ahora yo te cuido, te alimento, te atiendo, te protejo y de alguna manera te educo en un aspecto de la vida que desconozco, que ignoro y que para enseñarte a desenvolverte en esa nueva etapa de tu vida, primero tengo que aprender yo para saber por lo menos que estoy tratando de hacerte entender.

Tu labor educativa para conmigo cuando era niño, dentro de la dificultad, era más sencilla, o eso creo yo, lo digo porque mi aprendizaje se basaba en tener que interiorizar las normas establecidas desde la lógica, el sentido común y del bien hacer, pero yo sin embargo he de enseñarte desde la incongruencia, desde la lógica ilógica y el sin sentido, tanto es así que mi mente no reacciona la mayoría de las veces por no decir siempre, mi mente piensa con lógica para entender lo ilógico, actúo con sentido común para intentar poner algo de razón a tanto sin sentido obteniendo como resultado acciones lógicas dentro de lo ilógico de la situación que solo conducen a una mayor confusión mutua.

Los padres son testigos alegres del nacimiento del hijo y el hijo es testigo triste de la muerte de los padres. El paso de los años hace que se inviertan los papeles entre padres e hijos; el hijo se convierte en cuidador de su progenitor y este a su vez se convierte en dependiente del hijo.
El padre, la madre, se hacen mayores y se sienten indefensos, lentos, dubitativos e imprecisos. Aquel que te dio seguridad y protección cuando eras pequeño al cogerte fuerte de la mano hoy se debilita, se vuelve frágil, produce una exclamación al agacharse y le cuesta levantarse del sillón. Ellos que antes hacían todo tan fácil y sencillo, tomaban decisiones, daban instrucciones, parecían eternos, hoy les cuesta vestirse y no recuerdan lo que han hecho ayer o hace siquiera un instante, solo suspira y gime mientras busca con la mirada una ayuda para seguir adelante.

Al margen de la llegada de los nietos a este mundo, tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo y la última niñez de la que disfrutar en esta vida, niñez difícil de asimilar y de entender pero niñez al fin y al cabo,  tal vez nuestra última enseñanza y como no, la oportunidad de devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas.

Recuerdo cuando yo fui padre que adaptamos la casa para proteger de los peligros al nuevo miembro de la familia, tapamos enchufes de luz, acolchamos esquinas, le metíamos en corralitos para que jugara, cerrábamos con llave la puerta de la calle para que no se escapara…y ahora, de alguna manera, volvemos a hacerlo cambiando la distribución de los muebles para el mejor desplazamiento de los abuelos, adaptando camas y que no decir del cuarto de baño quitando bañeras para colocar platos de ducha y barras para que se sujeten mientras se duchan, y muchos más cambios que vas produciendo para la comodidad de los padres o de tus nuevos hijos, hasta el punto de llegar a sentirnos extraños en nuestra propia casa.

Observamos cada nuevo detalle de nuestros mayores con miedo, desconocimiento, con duda, preocupación o peor aún, incluso llegamos a dudar de sus actitudes y comportamientos pensando que los exageran para despertar en nosotros una mayor atención.

Te resistes, te niegas a aceptar la realidad de la decrepitud de ellos y tus reacciones no son las correctas ni las adecuadas.

En resumen, existe un momento de la historia de la familia en que debemos aceptar que somos responsables de los últimos momentos de la vida de tus padres y tratar de proporcionarles una despedida en paz, ojala haya tiempo suficiente para rectificar y poder entender, abrazar, acariciar, besar y tranquilizar con un simple “hola, ya estoy aquí”, porque quiero pensar que lo que un padre o una madre quiere al final de sus días es saber que su hijo está ahí y que de alguna manera te despides poco a poco cada día.

Todo esto es la prueba inequívoca de que dejas de ser el hijo para convertirte en el padre de tus padres “antes yo era tu hijo y ahora yo soy tu padre”.

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