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recuerdos de mi vida

La botella de lejía

De entre las muchas historias de mi infancia que recuerdo, siempre ha estado muy presente en mi mente una historia en particular por más que ha pasado el tiempo.

Era una mañana calurosa de verano, tenía seis años recién cumplidos y me encontraba en el pasillo de casa jugando con unos muñecos de goma que representaban a vaqueros e indios ambos con sus caballos, rifles, pistolas y arcos.

Los disponía unos enfrente de otros para disputar una batalla incruenta en la que únicamente consistía en pasar el tiempo por mi parte hasta que llegara la hora de la comida pero cuando más distraído me encontraba mi madre me dijo “deja de jugar que nos vamos a la calle a comprar lejía que se me ha olvidado”. SEGUIR LEYENDO

El segundo…

Me acuerdo que era martes, pero no sería un martes cualquiera ese 17 de julio de 1984.

Me acuerdo que solo habían pasado siete meses muy justos cuando de madrugada empezaste a sentirte mal y decidimos ir al hospital para que te hicieran un reconocimiento.

Me acuerdo que decidieron internarte para ir viendo la evolución de tu estado aunque nos advirtieron que el parto entraba dentro de lo posible.

Me acuerdo de la compañía mutua que nos hicimos dentro del nerviosismo lógico de la situación. SEGUIR LEYENDO

El primero…

Como uno más, he vivido experiencias que, de alguna manera, cambiaron mi vida. Una de ellas que recuerdo con intensidad se produjo la noche del lunes 21 de julio de 1980.

Acabábamos de cenar, era una noche tranquila. Nos sentamos en el sofá para reposar la cena y poco a poco el sopor y el cansancio se fueron apoderando de nosotros mientras un  programa de la televisión nos ayudaba a pasar el tiempo preciso antes de disfrutar del necesario descanso diario.

Eran las 23:30 horas cuando decidimos retirarnos a descansar. Yo me disponía a entrar en la cama cuando en ese momento:

– ¡Ay, Antonio!

Nada más oír su reclamo fui lo más rápido posible donde ella se encontraba. Al entrar la vi parada de pie con el camisón remangado por encima de las rodillas y mirando al suelo. SEGUIR LEYENDO

El Perro callejero

Era el año 1959, tenía casi ocho años y para contar esta historia no tengo más remedio que desvelar un secreto que solo los más allegados conocen. En esa época la gente no me llamaba Antonio, me llamaban…

– ¡Toñinnn!

– ¡Si, mamá!

– Ven aquí corre.

¿Habré hecho algo?, no recuerdo haber hecho nada

– ¿Qué quieres mamá?

– Anda, toma la lechera y este dinero y ve a la lechería a por un litro de leche ¿sabrás?, mira que nunca has ido solo.

– Eh, si, si sé, eh ¿Qué es un litro?

– Tu di a Marisa que llene la lechera y la das el dinero que te doy, va justo, no tiene que devolverte nada. Venga y date prisa que la necesito. Cuando vuelvas te dejo salir a la calle con tus amigos. SEGUIR LEYENDO

Recuerdos que despiertan al encontrarse con el pasado

Durante unos meses del año 2015 realicé un taller de escritura impartido por la escritora Ana Esteban. Todas y cada una de las semanas que duró el curso debíamos entregar un texto que nuestra tutora nos solicitaba de una manera peculiar, por ejemplo: “la semana que viene traer un texto que empiece con estas palabras: “antes yo era…”, ya sabéis que está limitado a dos hojas por sus dos caras, no podéis excederos de ese límite”. Así una semana y otra y otra.
Hoy voy compartir con vosotros un texto en el que Ana nos pidió tratara sobre los recuerdos o sentimientos que despertara en cada uno de nosotros al encontrarse con el pasado por el simple hecho de abrir un armario o entrar en una estancia y este es el texto que presenté yo: SEGUIR LEYENDO

Me acuerdo de…

Me acuerdo de la primera vez que vi el mar. Tenía casi tres años, es el primer recuerdo que tengo de mí vida. Pasábamos unos días en Málaga por trabajo de mi padre. Un día, mientras mi padre trabajaba, mi madre nos llevó a mi hermano y a mí a la playa. Todo su empeño era meterme los pies en el agua, pero yo encogía lo más posible mis piernas para evitar que esa masa enorme de agua me absorbiera, a la vez que no paraba de llorar y gritar.

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Recuerdo de Juventud

Se acababa la década de los años sesenta y me faltaban unos días para cumplir los dieciocho años, son dos datos de interés para situar de algún modo la época en la que transcurre la anécdota de mi juventud que me ha venido a la cabeza y que intentare describir lo mejor que pueda.

Si faltaban pocos días para que cumpliera años quiere decirse que nos encontrábamos en pleno verano, más concretamente en el mes de agosto. En aquellos años el tiempo era fiel a su estación, en invierno hacia frio gélido con buenas nevadas y en verano se alternaba un calor sofocante con las tormentas de verano copiosas pero cortas y que lejos de refrescar dejaban un ambiente de bochorno insoportable. SEGUIR LEYENDO

Recuerdo de una “Nochebuena” contado en presente

Es 24 de diciembre de 1958, tengo siete años y esta noche es “nochebuena”. Hoy es un día especial porque significa que mi abuela, la única abuela que tengo, viene a pasar todas las fiestas con nosotros como ocurre todos los años. Que venga mi abuela a casa en estas fechas navideñas quiere decir que el ambiente rutinario y monótono de la vida familiar se altera. Mi abuela supone estar acompañado durante todo el día, salir de paseo, dormir con mi hermano aunque él protesta, colocar un belén, comprar turrón y dulces, y lo más importante de todo: “escribir la carta a los reyes magos”.

Con todo lo novedoso que parece todo, este año, hoy en particular, se va a producir un acontecimiento más. Mi madre acaba de decirnos a mi hermano y a mí, que nos quedamos solos en casa mientras ellos van a buscar a mi abuela. Es la primera vez que sucede y el quedarme solo bajo la tutela de mi hermano es algo que me ilusiona. Mi hermano tiene ocho años más que yo, y para él nunca es buen momento para estar conmigo, siempre tiene excusas: el trabajo (trabaja desde los 14 años), los estudios, sus amigos…nunca es buen momento para compartir un tiempo juntos. SEGUIR LEYENDO